jueves, 14 de febrero de 2013

La circuncisión, una peligrosa locura colectiva, Michel Hervé Bertaux-Navoiseau







La circuncisión, una peligrosa locura colectiva

(de una psicosis individual a una psicosis colectiva, psiquiatría, el psicoanálisis y circuncisión)

traducción Margarita Mosquera Zapata

       

            Escisión y circuncisión se encuentran entre las prácticas de la melancolía, individual o colectiva (culto de Cibeles, Skoptzys de Rusia, Hidjas de la India), de castración parcial o total.

            Un avance de la criminología psiquiátrica diagnostica en las mutilaciones sexuales un síndrome de Münchhausen por procuración[i], [ii], [iii] transgeneracional y colectivo. Totalmente unidos por la complicidad étnica, los criminales extraen honor, gloria, poder, empatía del grupo y superioridad comunitaria de la mutilación que infligen a sus víctimas y de la que ellos mismos han experimentado por sus propios padres. Ellos la creen en efecto beneficiosa, y, sobre todo, se creen moralmente superiores gracias a ella ("la circuncisión inscribe la falta como dimensión fundamental de la identidad"). Sugieren incluso que la mutilación sexual favorecería la espiritualidad. Esto confiere a este síndrome una fuerza excepcional, una compulsión de repetición particularmente amarga, apoyada en una denegación masiva de la realidad de la pérdida sufrida y reforzada por el carácter colectivo de la agresión. Normalmente, simple signo particular, la mutilación toma el estatuto de signo de identidad colectiva, imposible de cuestionar sin causar alboroto. La extrema gravedad de este síndrome viene del hecho que el crimen es perpetrado sobre el niño.

            En el síndrome de Münchhausen general, el abusador disimula su auto-mutilación. Pero tan pronto como el síndrome se convierte en colectivo y perpetrado sobre niños indefensos, el disimulo se vuelve exhibición pública de la mutilación, negada como tal y considerada como un símbolo de identidad colectiva discriminando el extranjero. Del mismo modo, la obligación compulsiva de consultar al médico, central en el Münchhausen clásico, no existe en las mutilaciones sexuales rituales. Aquí, la religión y la tradición, no más manipuladas pero cómplices, se ponen en lugar de la autoridad médica. Los valores tradicionales de respeto de la naturaleza humana y del cuerpo del otro son anulados por el fanatismo cultural y religioso. La mutilación sexual es convertida en una segunda naturaleza, una obscena, absurda e inhumana "normalidad". Estamos en presencia de una locura colectiva.

            La principal crítica a esta atractiva descripción psiquiátrica es que, a diferencia del psicoanálisis, ella ve las cosas desde el exterior. Observa y denuncia un narcisismo exacerbado, pero pierde de vista la esencia del fenómeno: la compulsión a dominar del grupo sobre el individuo y los distintos grupos, ejercida a través de una tortura que mutila, aterrorizando al menor de por vida. Para el psicoanalista, se trata de una inversión en lo contrario del placer sexual prohibido (la auto-sexualidad). El derecho al placer se obtiene a costa de un sacrificio monstruoso y disminuido (hombres) o transformado en dolor (mujeres). Todo esto se supone necesario para ganar el amor y la estima de los abuelos, de la sociedad y de la divinidad. Las mutilaciones sexuales golpean directamente el órgano declarado culpable, para mayor satisfacción de los criminales neuróticos, culpables y culpabilizadores.

            Este análisis psiquiátrica confirma nuestro análisis del capítulo autobiográfico del libro "El hombre parano"[vi] del doctor Olievenstein. La circuncisión es en efecto, inconscientemente, el hilo rojo de su psicosis paranoica (véase nuestro artículo: "El caso del Doctor Olievenstein" (academia.edu). Así, hemos establecido la naturaleza psicótica del trauma colectivo provocado por la circuncisión al nacer. Esta última es peligrosa, puede volver loco, colectivamente loco (véase el primer genocidio de la historia: Jericó); hemos centrado el acento en esto al establecer la fuerte correlación existente entre violencia y circuncisión:


Freud señala:

“La hipótesis según la cual podemos encontrar también aquí una raíz de estos odios de los Judíos que surgen de manera tan primaria y provocan comportamientos tan irracionales en los occidentales, me parece inevitable. La circuncisión es, inconscientemente, asimilada a la castración.”[vii]

Alice Miller fue más allá:

“Las prácticas rituales de circuncisión y de escisión tienen efectos que alcanzan no sólo al individuo y su descendencia, sino también a los otros hombres.”[viii]

Y para introducir algunas páginas sobre las mutilaciones sexuales en "El conocimiento prohibido", ella escribe:

“… la sociedad… dijo que sí…, hasta el presente, a los mayores crímenes de la humanidad.”

Moisés Tractenberg explica ese sadismo:

“Otra de las consecuencias psicológicas de la circuncisión precoz es que ésta imprime, en el espíritu del recién nacido, una situación agresiva y traumática… La imposibilidad de aprehender una tan espantosa introyección de agresión dirigida hacia el interior, puede conducir, a posteriori, a la emergencia de comportamientos psicópatas y violentos o, en numerosos otros casos, a la emergencia de un masoquismo extremo.”[ix]

            Las consecuencias de este racismo y esta violencia son dramáticas; por una parte los conflictos se multiplican, por otra parte las guerras entre circuncisos o entre circuncisos e intactos degeneran a veces en genocidio. Porque Freud no puso hasta el fin su razonamiento. Ya que para el inconsciente, según él, asimila la parte con et todo, una amenaza de castración también es una amenaza de muerte. Entonces, ejercida sobre el conjunto de una etnia, una amenaza de muerte individual, proviene, por adición, une amenaza de exterminación del grupo entero, inmediatamente proyectada sobre el grupo adverso. La circuncisión es así un empujo al genocidio. Entre los veintitrés genocidios de los tiempos modernos: musulmanes circasianos (1860), congoleses (1870), hereros (1904), griegos (1914-18), asirios (1914-25), armenios (1915), serbios (1941-45), judíos 1942-45), zíngaros (1942-45), chechenes (1944), comunistas indonesios (1965-66), biafros (1966-68), guineos (1968-79), bengalíes (1971), hutus (1972), habitantes de Borneo-Este (1975-79), kurdos (1988-89), tutsis (1994), bengalíes (1990-2000), bosnios (1991-95), habitantes de Darfur (2003), kurdos de Irak (2005), rohingyas (2012), veinte (87%) implicaron circuncisos en por lo menos un bando, y cuatro en los dos bandos. Los circuncisos perpetraron doce, de los cuales siete contra intactos. Forzoso es de constatar la gran correlación entre, por un lado circuncisión y ausencia de democracia (en todos los casos arriba), y genocidio por el otro lado. Solo el de los zíngaros fue perpetrado entre intactos. A excepción de una guerra civil (Sri Lanka), todas las guerras entre 1996 y 2002 implicaron como mínimo un país que circuncida. Su frecuencia fue de más de tres veces más elevada en los países que circuncidan. La pena de muerte en éstos está dos veces más expandida. Entre éstos la tortura es más corriente. Son los únicos que practican la escisión.(xi) El feminicidio en le este del Congo es la obra de saqueadores Hutus circuncisos que destruyen después de utilizarlas las que le sirvieron de prepucio. El Congo circunciso detenta el record mundial de violaciones: 400.000 en un periodo de un año. En Noruega, entre 2006 y 2010, dos por ciento de circuncisos cometieron el cien por ciento de violaciones sobre noventa por ciento de noruegas de abolengo. Las mutilaciones sexuales separan al niño de la madre por la violencia en la edad del apego. Es monstruoso, el resultado es catastrófico; son el mantillo del sexismo, de la paranoia (recíproca), del fanatismo, del terrorismo de grupo, incluso de estado. La circuncisión hace el equilibrio del terror, y la fortuna de los fabricantes de armas.

            El síndrome de Munchhaüsen por procuración transgeneracional y colectivo da una descripción clínica que deja pasmado de la psicosis de la circuncidora. Las consecuencias planetarias de esta locura colectiva y contagiosa son gravísimas.




[i] Meadow, Roy (1977). Münchausen Syndrome by Proxy: The Hinterland of Child Abuse. Lancet 1977 (310), 343–5.
http://web.tiscali.it/humanrights/articles/meadow77.html
[ii] Matteoli R. Blood Ritual, the Münchhausen complex. Nunzio press; 2008.
[iii] Matteoli R. Vainglorious: The Munchausen Complex
[iv] Lacan J. Seminario sobre las psicosis. Paris: Le Seuil; 1981. p. 63-64.
[v] Pollack M. Circumcision, gender and power.
http://www.huffingtonpost.com/miriam-pollack/circumcision-identity-gen_b_1132896.html
[vi] Olievenstein C. El hombre parano. Paris: Odile Jacob; 1992. p. 31.
[vii] Freud S. El hombre Moisés y la religión monoteísta. 1936. Paris: Gallimard; 1986. p. 184.
[viii] Miller A. El conocimiento prohibido: afrontar las heridas de la infancia con terapia. Paris: Aubier; 1990.
[ix] Tractenberg M. Psychoanalysis of circumcision. Male and female circumcision. New York: Denniston et al. Plenum publishers ; 1999.
[x] Bertaux-Navoiseau M. Génocide, guerres, peine de mort, excision, viol et circoncision. academia.edu
(xi) Bertaux-Navoiseau M. Génocide, guerres, peine de mort, excision, viol et circoncision.

https://www.academia.edu/4068859/G%C3%A9nocide_guerre_peine_de_mort_excision_et_circoncision_mis_%C3%A0_jour_27.04.2015_

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